Somos Artistas

No se si a ti también te pasa, pero yo a veces necesito respirar profundo, muy profundo, coger aire y soltarlo con fuerza. Darme permiso para salir de mi. Para reducir la presión y romper el molde.

Voy en búsqueda de referencias y nuevos conocimientos que me ayuden a transitar por la incertidumbre de una nueva etapa (empecé por Taleb, you know). Leo libros inesperados y descubro un mundo de nuevos conceptos.

Este último Sant Jordi le regalé a L “El acto de crear: Una manera de ser” de Rick Rubin, que parecía ser uno de los musts de la Diada. Y ha resultado ser una fuente de referencias: “Tanto si realizamos obras de arte formales como si no, todos vivimos como artistas. Percibimos, filtramos, recogemos datos, y luego administramos experiencias propias y ajenas a partir de esa información. No importa si lo hacemos consciente o inconscientemente; por el mero hecho de estar vivos somos participantes en un proceso de creación constante

Descubrir, o tal vez, redescubrir el proceso creativo ha supuesto de algún modo volver a conectar conmigo, como una meditación pero a lo bestia. Puede parecer algo exagerado, pero yo te lo recomendaría, y ya luego me cuentas.

Porque el arte no te dará una respuesta, pero te ayudará a encontrarla.

Si crear es traer al mundo algo que no estaba ahí, la creatividad te ayudará a inventar una respuesta. Algo que te sirva. Algo que resuelva un problema que tal vez no sabes ni identificar.

Y esto es así. Aunque no lo sepas.

Entonces ¿por qué encasillar la creatividad al mundo de los hobbies o a ciertas profesiones?

Porque nos encanta encasillar. O nos aterra no hacerlo.

Y en realidad es inevitable, cualquier buen profesional es un artista en lo suyo. Y un artista hace arte.

Así que reivindico la creatividad como necesidad para desarrollar nuestro potencial, tanto en el plano personal como profesional, tanto desde el individuo como desde el colectivo, en cualquier ámbito, como generadora de innovación, para la resolución de conflictos y como amplificadora del resto de habilidades disponibles.

Por eso propongo (te propongo) para empezar, probar algo nuevo: aprende a bailar, prueba a cantar, teje, apúntate a teatro, haz clases de pintura o aprende a tocar un instrumento. Visita una exposición sin prisa, construye una maqueta, haz fotos, invéntate una receta, escucha alguna pieza clásica, o mejor, escucha dos y escribe cómo te hacen sentir.

Es para todos los públicos, no tiene efectos adversos e incluso las redes están llenas de inspiración, de hilos de los que tirar, vamos, que no tienes excusa.

Voy a atreverme a ir un poco más lejos, traspasando esa línea tan falsamente ortodoxa entre lo que nos gusta y hacemos en nuestra vida privada y nuestra faceta profesional. Desarrollar la creatividad en el ámbito profesional no es una extravagancia ni un lujo reservado a unos pocos, sino una capacidad necesaria para cualquiera que trabaje con incertidumbre, decisiones, personas o sistemas complejos.

Pensar mejor exige algo más que método y experiencia, exige sensibilidad, imaginación y la capacidad de conectar ideas que no suelen encontrarse.

Ahí es nada.

Seamos artistas.

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La creatividad también pertenece a la empresa.