La creatividad también pertenece a la empresa.

Si hablo de creatividad la mayoría pensará en arte, diseño, publicidad, puede que cultura.

Incluso yo, si no me paro a pensarlo mucho lo asocio de esta manera. Como si CREAR fuera un lujo reservado a quienes trabajan con ideas “bonitas” o visibles.

Pero si le doy una vuelta, llego a otras conclusiones: la creatividad no es un adorno, sino una capacidad para cualquier persona u organización que quiera adaptarse, crecer y no quedarse atrapada en la inercia.

Hay muchas referencias filosóficas y bibliográficas sobre esta “capacidad”, me ha gustado la del filósofo Henri Bergson quien decía que pensar no es aplicar un método, sino introducir novedad en lo real. Y quizá ahí esté la clave: la creatividad no consiste en inventar cosas extravagantes, sino en mirar lo que hacemos cada día desde otro ángulo, aunque ese trabajo parezca repetitivo o técnico.

Vamos, que es para todos los públicos.

El ejemplo de Toyota y su sistema de mejora continua (kaizen). La innovación no nace de cambios radicales, sino de pequeñas ideas propuestas por personas que conocen profundamente procesos muy mecánicos: la cadena de montaje, los tiempos, los gestos. La creatividad no aparece a pesar de la rutina, sino gracias a ella. Porque cuando uno observa con atención lo que repite, empieza a ver fisuras, alternativas, mejoras.

Tras leerme El Camino del Artista de Julia Cameron, (libro que si no tienes te recomiendo que vayas y lo compres), he incorporado un hábito muy simple: escribir diez líneas cada día (ella recomienda 10 páginas, pero la vida no me da para tanto). No para publicar, ni para crear algo “inspirador”, sino para pensar por escrito.

El efecto ha sido gratamente sorprendente. Al escribir, aparecen ideas nuevas: maneras distintas de ordenar procesos, enfoques más claros para explicar datos, mejoras en tareas que parecían puramente mecánicas. La escritura actúa como un espacio de pensamiento libre dentro de un trabajo estructurado. No va a cambiar por si sola lo qué hago, pero puede transformar cómo lo hago.

Y esas micro-creaciones son las que, acumuladas, pueden transforman una práctica profesional. Convertir a cualquiera en un artista.

Por eso no creo que hablar de creatividad en la empresa sea hablar de “hacer dinámicas” o de pintar post-its de colores. Sino hablar de crear espacios donde el pensamiento pueda desviarse un poco de la función, donde no todo esté orientado inmediatamente a la utilidad. Porque, paradójicamente, es ahí donde surgen las mejores soluciones.

Así que, como primer paso para mejorar nuestra creatividad, podemos introducir un gesto mínimo: escribir, observar, cuestionar una rutina. A veces, diez líneas al día son suficientes para que incluso el trabajo más mecánico empiece a volverse fértil.

Siguiente
Siguiente

CREAR sin fin.