CREAR sin fin.
Leyendo un fragmento de un libro que se llama Diferencia y Repetición (o se traduce así, creo) del filósofo Deleuze, me he topado con una idea que me encanta: pensar no es representar lo que ya sabemos, sino crear lo que aún no existe.
No quisiera pasarme de frenada, pero me ha parecido una auténtica maravilla de idea.
A vueltas con lo que, para mi significa CREAR, he llegado a conclusiones varias: crear no es ejecutar una técnica, ni repetir fórmulas, ni por supuesto buscar productividad inmediata. Es permitir que algo capte mi atención, aunque todavía no tenga forma, utilidad o un propósito claro. Y a partir de ahí, construirlo.
Como quiero que esto me funcione he decidido huir del pensamiento utilitarista. A ver, huir a ratos, porque el resto del día tengo que ganarme la vida.
Y no estoy siendo original. Seguro que más de uno ha oído lo de empezar un proyecto por el propósito, sin pensar en el dinero, que el dinero llega después. Que si. Que suena bien. Aunque no me refiero exactamente a eso, es un punto de partida, en el que creo que nos encontramos más de uno.
Pienso más bien en evitar ese pensamiento que que nos pide resultados antes de permitir el proceso. Ese que nos exige eficiencia cuando aún lo estamos descubriendo.
El utilitarismo puede resultar seductor para la gestión, pues nos ofrece orden y eficacia, pero en exceso es letal para el pensamiento creativo y lo que en un principio parece práctico acaba por volverse estéril.
Cuando un creador (sea artista o emprendedor) se deja arrastrar por esa lógica, deja de explorar y empieza a complacer.
Y por eso me atrevo a afirmar que solo cuando dejamos que la práctica escape por un momento a la exigencia de la utilidad, aparece algo verdaderamente único: una voz, un gesto, un estilo, un proyecto que no podría haber nacido bajo presión.
No es fácil encontrar ese hueco. Hay que buscarlo. Y atreverse a probar. Me da a mi que luego, pasan cosas interesantes.
Y de ahí el título, CREAR sin fin, no por hacerlo eternamente, sino por hacerlo sin más.