Mi proceso creativo.

El vacío.

¿Dónde empieza el proceso creativo?

Pienso, busco, me respondo que tal vez donde termina la utilidad.

No me convence.

Donde empieza la belleza. Por ahí ya me gusta más.

Creo primando la belleza. Sí, exactamente eso.

Belleza no como adorno, como criterio.

Sigo. Buscando la perfección. Aunque sea incómoda. Aunque parezca algo ajena.

La perfección deja de ser una exigencia externa y se vuelve respeto. Cuidado por la idea.

¿Podría aceptar lo “suficiente”? no en este proceso, realmente no en esta faceta.

De repente una idea que necesita existir fuera de mi.

Pero no siempre es así.

De repente hay ideas que se quedan ahí, sin más pretensión que la de ser.

El proceso creativo se convierte luego en liberación.

Nadie lo espera. Nadie lo exige.

Solo yo, incapaz de ignorar esa incomodidad propia de una gestación.

Ir más allá. En silencio.

Y crear identidad. Algo íntimo, único y personal, que lejos de dispersar logra devolverme el foco.

No imagino nada más bello.

Concluyo: el proceso creativo es un diálogo conmigo misma, no siempre amable, pero siempre honesto.

Y me convierte en mi.

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Falla y sigue.